La versión corta: congelas bien los alimentos si los metes al congelador cuando todavía están frescos y antes de la fecha de caducidad, mantienes el aparato a −18 °C, divides en raciones, envuelves sin aire, etiquetas con la fecha y descongelas en la nevera. Congelar es, con diferencia, la forma más eficaz de salvar la comida que de otro modo acabaría en la basura. La AESAN recuerda que hay que congelar los productos antes de que caduquen, conservarlos a −18 °C y descongelarlos siempre en el frigorífico, nunca a temperatura ambiente.

Y merece la pena de verdad. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), los hogares españoles tiran más de 1.100 millones de kilos y litros de comida al año —unos 28 kg por persona—, y buena parte se estropea antes de comerse. Congelar rompe justo esa cadena: lo que no te da tiempo a consumir esta semana lo guardas para otra. Fango te avisa cuando algo de la nevera se acerca a su fecha, pero saber qué puedes congelar —y cómo hacerlo bien— es lo que convierte ese aviso en una decisión que ahorra dinero.

En resumen
  • Congela antes de la fecha de caducidad: congelar no elimina las bacterias, solo detiene su crecimiento
  • Congelador a −18 °C: a esa temperatura el desarrollo bacteriano se para prácticamente
  • Divide en raciones y etiqueta con la fecha: así descongelas solo lo que vas a usar
  • Descongela en la nevera, nunca la carne o el pescado sobre la encimera
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Congela mientras el alimento aún está fresco

La regla más importante va primero: congela la comida cuando está fresca y antes de que llegue la fecha de caducidad, no después. Es un error muy común creer que el congelador «pone a cero» un alimento. No lo hace. Congelar detiene el crecimiento de las bacterias, pero no elimina las que ya están ahí. Si congelas la carne el día antes de que caduque, seguirá siendo carne al límite de su vida útil cuando la descongeles.

La AESAN aconseja por eso congelar en cuanto sepas que no vas a consumir algo a tiempo. Cuanto más fresco esté al congelarlo, mejores serán el sabor, la textura y la seguridad tras descongelar. Si compras carne o pescado que no vas a cocinar en los próximos días, al congelador el mismo día o al siguiente, no cuando ya lleva tiempo en la nevera. Y ten claro que esto solo aplica a la fecha de caducidad (seguridad); si dudas entre esta y el consumo preferente, conviene distinguirlas bien.

La temperatura del congelador: por qué importa

El congelador debe estar a −18 °C o por debajo. A esa temperatura el crecimiento bacteriano se detiene casi por completo: las bacterias no mueren, se quedan inactivas y vuelven a despertar al descongelar. Cuanto más frío esté el aparato, mejor se conserva la calidad con el tiempo; −20 °C o −22 °C es ideal para almacenamientos largos.

No llenes el congelador hasta arriba. El aire tiene que circular para que el frío sea uniforme en todo el interior. Un congelador demasiado lleno crea bolsas más templadas junto a las paredes, donde la calidad se pierde antes, y además te quedas sin saber qué hay ahí dentro. Un pequeño termómetro de congelador cuesta muy poco y te dice si de verdad estás alcanzando los −18 °C.

Qué se congela bien y qué no

La mayoría de los productos del día a día aguantan de maravilla si los manejas bien. Congelar suele ser la mejor jugada cuando algo se acerca a su fecha, una pieza clave para reducir el desperdicio de comida en casa. Estos son los que van bien:

  • Carne y aves crudas. Congélalas frescas y bien envueltas, sin aire. Divide en raciones antes de meterlas.
  • Pescado y marisco frescos. Sécalos bien antes de congelar y consúmelos cuanto antes tras descongelar.
  • Pan y bollería. Congela en rebanadas; así tuestas o descongelas solo lo que necesitas cada vez.
  • Sobras cocinadas. Guisos, sopas, legumbres y salsas van muy bien en raciones; deja un dedo de hueco porque el líquido se expande al congelar.
  • Fruta y verdura. Congela la fruta separada en una bandeja para que no se apelmace; escalda las verduras unos segundos en agua hirviendo antes, así conservan color y sabor.

En cambio, hay alimentos que no sobreviven al congelador. Su textura, estructura o seguridad se estropean tanto que el resultado es desagradable —o, en algún caso, arriesgado—. Dejarlos fuera te ahorra espacio para lo que sí congela bien:

  • Lechuga, pepino y verduras con mucha agua. El agua forma cristales de hielo que rompen las células, y quedan blandas y acuosas.
  • Patata cruda. Se vuelve gris y harinosa. La patata cocida, en cambio, se congela sin problema.
  • Salsas con nata y lácteos frescos. La nata, la mayonesa, el yogur o los quesos frescos pueden cortarse y quedar granulosos o acuosos.
  • Huevos con cáscara. La cáscara se agrieta al expandirse el interior; bátelos y congélalos así, o congela solo claras o yemas.
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Cómo congelar paso a paso

Congelar bien tiene poco misterio, pero cada detalle cuenta para que la comida salga del congelador en buenas condiciones. Sigue estos pasos:

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    Enfría la comida caliente primero. No metas nunca comida caliente directamente al congelador. Déjala templar en la encimera un rato corto y luego pásala a la nevera hasta que esté fría del todo. La comida caliente sube la temperatura del congelador y puede descongelar en parte lo que tiene al lado.
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    Congela fresco y a tiempo. Cuanto más fresco esté al congelar, mejor la calidad después. Congela la carne el día de la compra o, como mucho, al día siguiente; no esperes a que la fecha de caducidad esté encima.
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    Envuelve sin aire. El aire es el enemigo: provoca las quemaduras por congelación, esas manchas grises y resecas. Usa bolsas de congelación (expulsa todo el aire antes de cerrar), recipientes herméticos o bolsas de vacío.
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    Divide en raciones. Separa la comida en porciones individuales o dobles antes de congelar. Así descongelas solo lo que vas a usar en vez de sacar un bloque entero y arriesgarte a tirar parte.
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    Etiqueta siempre con la fecha. Anota el contenido y la fecha de congelación en cada paquete. Dentro de tres meses no distinguirás la carne picada del guiso ni recordarás cuándo lo metiste.

Cómo descongelar con seguridad

La descongelación es tan importante como la propia congelación. El método equivocado dispara el riesgo de crecimiento bacteriano, porque la comida alcanza la temperatura en la que las bacterias se multiplican. La AESAN recomienda descongelar en el frigorífico y no a temperatura ambiente.

La opción más segura es pasar el alimento del congelador a la nevera la noche anterior. La carne y el pescado tardan entre 6 y 24 horas según el tamaño, y todo el rato se mantienen a 5 °C o menos, la franja en la que las bacterias apenas avanzan. Si tienes prisa, mete la comida en una bolsa cerrada dentro de un recipiente con agua fría y cambia el agua cada media hora; una ración pequeña se descongela en aproximadamente una hora, y en ese caso cocínala enseguida.

Hay tres cosas que conviene evitar siempre: no descongeles nunca la carne ni el pescado sobre la encimera a temperatura ambiente; no descongeles en agua caliente (la superficie se calienta mientras el interior sigue helado); y no recongeles carne, pescado ni aves crudas después de descongelarlos. Sobre esta última hay un matiz útil: si descongelas carne cruda en la nevera y luego la cocinas, sí puedes volver a congelar el plato ya elaborado. Lo mismo vale para sopas y guisos descongelados en la nevera que no hayan estado a temperatura ambiente.

Congelar y desperdicio: la combinación que funciona

El Informe del Índice de Desperdicio de Alimentos 2024 de la UNEP calcula que alrededor de un tercio de toda la comida que se produce en el mundo se pierde o se desperdicia cada año. La mejor estrategia en casa combina dos cosas: llevar la cuenta activa de lo que está a punto de caducar y congelarlo antes de que se estropee. La primera parte es justo la que suele fallar, porque nadie recuerda de memoria todo lo que tiene en la nevera.

Ahí entra Fango: escaneas el recibo y recibes un aviso antes de que algo caduque. Cuando llega el aviso, la decisión es inmediata: cómelo ahora o congélalo. Esa decisión tomada a tiempo es exactamente lo que impide que la comida acabe en la basura. Si quieres profundizar, puedes ver cuánto dura el pollo en la nevera y en el congelador, repasar más consejos para conservar los alimentos o aprender cómo reducir el desperdicio de comida en el día a día.

Preguntas frecuentes

¿A qué temperatura debe estar el congelador?

El congelador debe estar a −18 °C o por debajo. A esa temperatura el crecimiento de las bacterias se detiene prácticamente por completo y la comida se mantiene segura durante meses. Más frío es aún mejor para la calidad en almacenamiento largo. No lo llenes en exceso: el aire tiene que circular para que el frío sea uniforme. Un termómetro barato de congelador te confirma si de verdad estás en −18 °C.

¿Hay que congelar la comida antes o después de la fecha de caducidad?

Congela siempre mientras el alimento aún está fresco y antes de la fecha de caducidad, nunca después. Congelar no elimina las bacterias que ya están presentes: solo detiene su crecimiento. Cuanto más fresco esté el producto al entrar en el congelador, mejor será la calidad al descongelarlo. Por eso no esperes a que la fecha esté a punto de vencer.

¿Cuál es la forma más segura de descongelar?

La forma más segura es pasar el alimento del congelador a la nevera la noche anterior. La carne y el pescado tardan entre 6 y 24 horas según el tamaño. Si tienes prisa, mete la bolsa cerrada en agua fría y cámbiala cada media hora. Nunca descongeles carne ni pescado a temperatura ambiente sobre la encimera, porque las bacterias se multiplican con rapidez.

¿Qué alimentos no se pueden congelar bien?

Algunos alimentos no soportan la congelación. La lechuga, el pepino y otras verduras con mucha agua quedan blandas y acuosas porque el agua forma cristales de hielo que rompen las células. Los huevos con cáscara se agrietan, la mayonesa y el yogur se cortan, y los quesos frescos quedan granulosos. La patata cruda se vuelve gris y harinosa, mientras que la cocida se congela bien.